Ha pasado lo peor

¿Era peor antes?

Después de que se dieran a conocer las bajas registradas el pasado domingo, salieron a la luz notas que el famoso exlíder tenía en su poder. En ellas llevaba un registro detallado: moches, salarios a colaboradores, apoyos a fiestas patronales en distintos municipios. Una contabilidad paralela que exhibe cómo operan ciertos grupos en las sombras del poder.

Todo esto inevitablemente recuerda el atentado contra Omar García Harfuch, hoy Secretario de Seguridad Pública federal, quien sobrevivió a un ataque armado de alto impacto que lo dejó con lesiones en el cuerpo. Fue un hecho que paralizó a la capital y que muchos mexicanos describieron como terrorismo por su magnitud y por el mensaje que enviaba: el crimen organizado desafiando directamente al Estado.

Sin embargo, desde el gobierno se insiste en que no es terrorismo. Tal vez jurídicamente no encaje en la definición técnica del Código Penal. Pero para la mayoría de los ciudadanos, terrorismo es cualquier acto que busca sembrar miedo colectivo, alterar la vida pública y demostrar que la violencia puede golpear en cualquier momento y lugar.

Mientras tanto, no falta quien diga que con Felipe Calderón era peor. Es una frase que se repite casi como consigna. Pero la pregunta es válida: ¿realmente era peor?

Durante el sexenio de Calderón los homicidios se dispararon tras el inicio de la estrategia frontal contra el narcotráfico. Las cifras oficiales muestran un aumento significativo en esos años. Eso es un dato. Pero también es un dato que en los últimos años México ha mantenido niveles de violencia históricamente altos. No estamos hablando de un problema superado.

Entonces, reducir la discusión a “antes era peor” o “ahora es peor” simplifica demasiado una realidad compleja. El país lleva casi dos décadas atrapado en una espiral de violencia que ningún gobierno ha logrado desactivar por completo. Cambian las estrategias, cambian los discursos, pero el miedo sigue ahí.

La verdadera pregunta no debería ser quién tuvo cifras más altas en determinado año, sino por qué, después de tantos años y tantos gobiernos, seguimos discutiendo lo mismo. ¿Qué se está haciendo distinto? ¿Qué está funcionando realmente? ¿Y qué no?

Porque para la ciudadanía, más allá de etiquetas legales o comparaciones políticas, la percepción es clara: cuando hay ataques de alto impacto, cuando aparecen listas de corrupción y cuando la violencia se normaliza, el miedo no entiende de partidos.

Y eso, para millones de mexicanos, es lo que realmente importa.

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